Mi pintura parte de una sensación, una percepción o una energía que quiero trasladar a una imagen. A través del trazo, el color y la materia, voy dando forma progresivamente a aquello que surge.

El proceso es sentido e intuitivo, entre lo visible y lo invisible. Al pintar entro en otro estado de conciencia, donde el tiempo parece detenerse y aparece un espacio de calma, presencia y percepción profunda. La imagen se va construyendo poco a poco, como una forma de visualización en la que lo sutil se revela y se transmite a través de una imagen artística.

Hay quienes dicen que mis cuadros les hablan. Que les transmiten algo difícil de explicar con palabras, les despiertan recuerdos, sensaciones o emociones, o simplemente les hacen detenerse y mirar.

Quizás ahí es donde la pintura encuentra su verdadero sentido: en aquello que sucede entre la obra y quien la contempla.

«Pinto aquello que capto, siento e intuyo, para darle forma más allá de las palabras.»

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